“MI SUEÑO ES LLEGAR A LA B NACIONAL Y DARLE OTRO ASCENSO A LA PROVINCIA”

La relativamente cercana elección de Lucía Barbuto como presidenta de Banfield, en la Superliga del fútbol argentino, exigió la observación de la línea temporal para encontrar antecedentes que exhiban a otras mujeres en el máximo cargo de instituciones deportivas. Y los precedentes más próximos radican, en su mayoría, en clubes directamente afiliados y pertenecientes a Buenos Aires. Natividad Gallego, en Platense; Edith Pecorelli, en Temperley; Gladys Ruifernández, en San Martín de Burzaco; y Valeria Cisneros, en Central Ballester. Todos estos casos testigo, previos a la aparición de Barbuto. Pero, en el ejercicio de la revisión, pocas manos extendieron el mapa de la Argentina en su totalidad y pocos ojos miraron hacia el interior. En Formosa, desde 2003, Griselda Cardozo lleva las riendas de su amado San Martín y conduce su destino en el Torneo Federal A. Aquella mujer que ingresó al club como tesorera en 1997, hoy día, recuerda: “En aquellos tiempos era muy difícil porque, siempre, tenía que estar rindiendo examen ante los demás. Era como que no era aceptada o como que parecía una falta de respeto que una presidenta sea mujer. Sufrí muchísimo en mi provincia. Y afuera, ni hablar”.

¿Cómo se produjo tu incursión en la política de San Martín?

Griselda Cardozo: Yo nací en una cancha de fútbol. Mi papá pertenecía a la liga y, desde muy chiquita, estuve ahí. Después, fue más por una necesidad de nuestro club que por otra cosa. A decir verdad, estaba a punto de rematarse y con embargos encima. Entonces, un grupo de personas, hinchas de San Martín, conformamos un equipo de trabajo, nos pusimos el overol y empezamos a trabajar por y para la institución. Nos llevó años saldar todas las deudas. Pero así fui metiéndome de lleno hasta que, hoy por hoy, San Martín es mi primera casa y mi hogar, la segunda.

Y si tuvieras que describirte, ¿qué clase de presidenta sos?

Yo soy una presidenta presente, porque esto lleva mucho tiempo. Estoy siempre en la institución y atiendo a mucha gente. Hacemos todo lo que es el trabajo social, el cultural, el educativo, el formativo y el deportivo. Entonces, siempre tengo que estar encima de todo y de todas las actividades. Además, San Martín no es únicamente un club de fútbol, sino que tiene todas las disciplinas: vóley, básquet, fútbol de salón, hockey y handball. Fuimos creciendo juntos.

¿Fueron muy difíciles tus primeros pasos como dirigente deportiva?

Yo nunca tuve miedo. Sí sufrí mucha discriminación. Era como que no era aceptada o como que parecía hasta una falta de respeto que una presidenta sea mujer. Sufrí muchísimo en mi provincia. Y, afuera, ni hablar. Siempre tenía que estar rindiendo examen ante los demás. Siempre, del otro lado, la requisitoria, la inquisitoria, las preguntas y las chicanas. Probando si sabía, si sabía dónde estaba y si mi nombre estaba puesto o si realmente yo me encargaba de todo. Y, lastimosamente para ellos, eso me daba más fuerza. Porque yo sabía que todos los días tenía que aprender algo nuevo. Y hasta el día de hoy, lo sigo haciendo. No podía fallar en nada y todo eso me llevó a que, hoy día, en Formosa, sea la única presidenta tetracampeona de la provincia.

Y en los estadios, como máxima representante de tu club, ¿también se te hizo cuesta arriba?

En el Federal B me pasaron cosas curiosas. Salíamos a otras provincias a disputar los partidos y el mundo periodístico no iba a hablar con el entrenador, ni a preguntar por el equipo ni a preguntarles a los jugadores. Iban a hacerme reportajes a mí porque les sorprendía que San Martín tuviera una presidenta mujer. Y en todas partes, ocurría lo mismo. Los presidentes no me recibían porque, a mi entender, a ellos quizá les parecía una falta de respeto tener que tratar con una mujer. Hace dieciséis años que soy presidenta y, tiempo atrás, era horrible.

¿Tenés participación o injerencia en lo futbolístico? ¿Te gusta analizar el juego?

Yo hablo con los jugadores y, en algunos años en los que perdimos finales en el Federal B, era yo la que sostenía al plantel. El año pasado la pasamos brava en el Federal A y era la que tenía conversaciones asiduas y cercanas con los jugadores. Es totalmente natural y ellos me toman como su segunda mamá. La mamá es recta y correcta. Cuando nos portamos bien, la mamá es buena. Pero cuando nos portamos mal, la mamá les llama la atención. El trato es así.

¿Cómo es tu día a día en la presidencia de San Martín?

Yo vengo por la mañana y, a veces, sigo de largo hasta las diez u once de la noche. Y si tengo un tiempito para irme a mi casa , vuelvo por la tarde y miro las prácticas de todas las disciplinas. Pero después me quedo en la institución, hasta la noche, recibiendo gente. Porque nosotros también trabajamos realmente mucho en lo social.

Y en esa agenda repleta, ¿qué lugar tiene la familia?

Gracias a Dios, mi familia me acompaña y también ama el fútbol. Mis padres y mis hijas, con el tiempo, aprendieron a entender el apasionamiento de mamá. Yo me levanto a la mañana y vengo al club. A veces voy y vuelvo. Y otras, me quedo todo el día. Aprendieron a aceptar porque este trabajo no es fácil. Al ser presidenta de un club, no hay sábados, domingos, Día del Padre ni Día de la Madre. Hubo cumpleaños en los que me ha tocado estar lejos. En un Día del Padre, por ejemplo, jugábamos una final hace dos años y mi papá me llamó y me dijo que me respaldaba en lo que yo hacía. Así que, con lagrimones en las mejillas, emprendí viaje hacia donde estaba el plantel. La verdad es que es muy difícil, pero es gratificante y un placer.

¿Te imaginás, el día de mañana, con aún más participación dentro del Consejo Federal?

Me encantaría y creo que tengo la capacidad suficiente como para que me tengan en cuenta. Y si tengo algo que aprender, lo haré. Porque en la vida, se aprende todos los días. Con el apoyo de mi provincia, mi familia, los socios, los dirigentes y los jugadores de la institución. Yo soy la cara visible, pero tenemos un maravilloso equipo de trabajo. Me encantaría seguir apoyando, aprendiendo y creciendo dentro del Consejo Federal. De hecho, estoy muy agradecida a todos mis pares del Consejo por haberme nombrado asambleísta suplente y, por supuesto, al gobernador Gildo Insfrán y el Dr. Jorge Ibañez, que siempre acompañan y fomentan al deporte formoseño. Sin ese apoyo, jamás hubiera podido realizar muchas cosas, llevar adelante la Institución y crecer de la manera en que lo hicimos entre todos.

En medio del punto de inflexión que actualmente vivimos en diversos aspectos y ámbitos, ¿te considerás una representante de las mujeres en un terreno en el que se les negó el acceso durante mucho tiempo?

Yo siento que soy una representante de las mujeres. Muchas tenemos que animarnos a hacer esas cosas que antes se creía que eran de hombres. Ahora tenemos el fútbol femenino que está creciendo mucho, tenemos árbitras y entrenadoras. Y es más, acá, en Formosa, les hicimos hacer el curso de entrenadoras a dos coordinadoras que ya se recibieron como directoras técnicas nacionales y que ya trabajan dentro de las categorías infantiles. San Martín tiene fútbol femenino y son bicampeonas de la región. Las mujeres estamos, definitivamente, con los pies en el fútbol.

¿Cuál es tu sueño en la presidencia de San Martín?

Los apasionados del deporte y los que vivimos esto día a día tenemos los sueños siempre presentes. El mío es llegar a la Primera Nacional y darle otro ascenso a nuestro querido club y a nuestra querida Formosa. Porque, como siempre decimos, cuando cruzamos el (Río) Bermejo, representamos a la provincia. Ojalá, en algún momento, se nos dé. Sabemos que la categoría es difícil y cuesta mucho, pero con trabajo, sacrificio, tesón y aprendiendo cada día, nada es imposible.

Fuente: Interior Futbolero.

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